domingo, junio 19, 2005

Gijón, wunderbare Stadt

Tanto viaje tanto viaje. Llevo 20 de los 22 años que tengo viviendo en la misma ciudad, Gijón. No debe extrañar que tenga unas ganas locas de irme, por eso del cambio de aires. Sin embargo, cuando uno se pasa cosa de 2-3 semanas metido entre cuatro paredes, sodomizado por los exámenes, y luego sale de casa, con todo ese Sol, con todo ese percal que hay por ahí... con eso de que te digan unos tipos venidos de «to por ahí fuera» que vaya suerte vivir en una ciudad así... cuando y con todo eso uno acaba dándose cuenta que lo que se tiene cerca se aprecia normalmente menos de lo que se debería. Como comer pipas o cecina.

Así que aprovechando que hay un bajón de intensidad en el dolor parturiento este de los exámenes, va un homenaje a Gijón, con foticas que «asín se ve más mejor» (sic)

Amanece, 7am
Amanece, 7am

Son las 7 de la mañana, cuando estos vuelven de fiesta. Hay que levantarse para ir a un examen y todo apunta a que el día será una puta mierda. Uno se levanta no se sabe ni cómo y por la ventana esa estampa. Se agarra la camara, se saca una foto y se mira la cama con deseo. Lo siguiente es ir dando tumbos hacia el baño.



Pericones
Desde los Pericones

La rutina (la mía, que no mucha gente la comparte) obliga a ir caminando desde casita hasta la uni (40 min) por el camino menos concurrido posible. El resto de formas de vida molestan cuando sólo se ha dormido un par de horas. Así que se bordea el cementerio (no es tan macabro como suena...) y se acorta el camino a través de Los Pericones, un parque sobre una colina a las afueras. Desde ahí maldices el examen al que vas y puedes además echar un ojo a gran parte de Gijón y a la mierda con la que nos obsequia Aceralia (izquierda de la foto, donde el aire es de color tizón). Resoplo un par de veces y sigo.



San Lorenzo
San Lorenzo

Unas cuatro horas más tarde, el examen ha pasado, para bien o para mal. Ah, pero no se vayan todavía, que aún quedan MUCHOS más... *sigh*. Pero bueno, vamos a volver para casa dando un rodeo por la playa, a ver si encontramos motivación en... mm.. el batir de las olas, sí, eso (juas).


La playa de San Lorenzo mide cosa de 2.2 Km. y como en casi toda ciudad con mar, es una especie de centro neurálgico, ya sea de día (tías medio en bolas), de noche (tías en bolas), verano (me remito a lo anterior) o invierno (surferos vestidos).

Paseo playa
El Muro

Eso en la arena. En el muro de la playa cuando hace buen día, como era el caso, hay más gente que en la cola del INEM. La estampa del señor mayor apoyado en una barandilla, ya sea para ver obras o lo que dije antes que había por el día en verano en la playa, es perenne y «tipiquérrima». Y para muestra, un botón.


Mestas y Laboral
Mestas y Laboral

Si antes decia que he vivido aquí 20 años, una porción importante se han pasado en los dos sitios que se ven (yo los veo, quien no los conozca no verá na de na) en la foto. Uno de ellos es esa pista de atletismo, parte de Las Mestas. Muchas tardes ahí entrenando, totalmente muerto de frio entre recuperaciones en invierno o totalmente puteado en las competiciones. El otro hotpoint es precisamente la universidad, o más concretamente, la EUITIG/EPSIG, que no merece la pena ni buscar en la foto porque yo lo encontre a fuerza de llevar yendo ahí cinco años, que si no tampoco oiga.


Y con esto y un bizcocho, hasta mañana a las ocho.

viernes, junio 10, 2005

A vueltas con la muerte

En la línea de este post, de la que vamospeñaquesubimos, y recordando hoy que nosotros también acabaremos en el nicho, motivémonos (en serio, que motiva xD) con otro picolisimo extracto:


- Todo el mundo sabe que se va a morir -volvió a decir-, pero nadie se lo cree. Si nos lo creyéramos, haríamos las cosas de otra manera
- De modo que nos engañamos acerca de la muerte -dije yo.
- Sí, Pero existe un planteamiento mejor. El de saber que te vas a morir y estar _preparado_ en cualquier momento. Eso es mejor. Así, puedes llegar a estar verdaderamente _más_ comprometido en tu vida mientras vives.
- ¿Cómo puede uno estar preparado para morir? -dije.
- Haz lo que hacen los budistas. Haz que todos los días se te pose en el hombro un pajarito que te pregunta: «¿Es éste el día? ¿Estoy preparado? ¿Estoy haciendo todo lo que tengo que hacer? ¿Estoy siendo la persona que quiero ser?»
Volvió la cabeza hacia su hombro como si tuviera allí al pajarito en aquel momento.
- ¿Es éste el día en que voy a morir?

(...)

- La verdad, Mitch -me dijo-, es que cuando aprendes a morir, aprendes a vivir.


De Martes con mi viejo profesor, Mitch Albom.

Pío, pío. ¿Es hoy?
Aprovecha, por si acaso...